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El otro día puse una reclamación en un restaurante por un mal servicio y el encargado quiso justificarse pidiéndome que comprendiera que el camarero, que era inmigrante, no tenía formación. Precisamente por eso reclamé, no porque fuera inmigrante, sino porque la empresa no le había dado formación.
En un país cada vez más viejo, como España, necesitamos gente joven, trabajadora, y que tenga hijos. En muchos otros países les sobra gente joven con ganas de trabajar, pero que no tienen oportunidades ni salidas. Asistimos a las discusiones que hay sobre inmigración y xenofobobia, y yo creo que lo que ocurre es que lo estamos haciendo muy, muy mal. España, además, sigue siendo un país de servicios y el servicio que da es cada vez peor, por falta de formación de la gente que atiende que, cada vez más es inmigrante. Pero no es porque sean inmigrantes, es porque no se les da esa formación ni antes, ni después de entrar. En mi opinión, si tanto creemos en la universalidad y la política social, lo que habría que hacer es llegar a acuerdos con los gobiernos de países más pobres para dar una formación subvencionada que sirviera para mejorar las condiciones en esos países y de cantera de trabajadores para España. A cambio, tendríamos esa cantera y una regulación cogestionada con esos gobiernos. Deberíamos establecer un cupo, como hacen otros países, de determinadas personas a las que proporcionar permiso de residencia, en función de las necesidades laborales: n camareros, m conductores, j arquitectos... Es una necesidad para nuestra economía, un beneficio para ellos y ayudaría a reducir la xenofobia al no identificar un lugar de procedencia con una baja cualificación.
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