

Estas células están hechas con un material plástico flexible que, al incorporarlas
entre dos láminas de vidrio, podrían integrarse en las ventanas de los edificios.
Lo que evitaría alterar el aspecto exterior de las casas con los típicos paneles rígidos fotovoltaicos.
Todas las ventanas tendrían células fotovoltaicas lo que permitiría tener energía para alimentar nuestras casas.Su secreto consiste en no utilizar silicio, sino microestructuras
CIGS, denominadas
así por los materiales que emplea (cobre, indio, galio y selenio), o CIS, en caso de
no incluir galio. Según la empresa Indium Corporation, la mayor procesadora
mundial de indio para electrónica, semiconductores y energía solar, los nuevos
yacimientos de estos materiales descubiertos en varios lugares del mundo
garantizan su disponibilidad a precios económicos, si bien reconocen que su posible
demanda en otras industrias pueda crear “volatilidades intermitentes”.
En el aspecto energético, su fabricación se produce a temperaturas mucho más
bajas, por lo que su consumo energético, y por consiguiente, su impacto ambiental,
es también mucho menor. Por otra parte, su capacidad energética es considerable
ya que
un kilo de CIGS integrado en una célula solar produce cinco veces
más electricidad que un kilo de uranio enriquecido integrado en una
central nuclear.Otro sistema revolucionario son las
células orgánicas fotovoltaicas, las cuales
pueden imprimirse o pintarse sobre superficies metálicas, como las paredes
exteriores de un edificio, su tejado, etc.
Estas células orgánicas fotovoltaicas
(OPV en sus siglas inglesas), se basan en unos polímeros orgánicos capaces
de reaccionar a la luz solar, liberando electrones. Su versatilidad es también
considerable a la hora de realizar su instalación. De esta manera, suponen también
una forma muy económica de generar electricidad.
Además, gracias a los avances de la
nanotecnología se están mejorando sus
propiedades, siendo cada vez más eficientes y delgadas con procesos
productivos mucho más baratos. Las “células solares sensibilizadas por tinte”
son unas películas coloreadas o transparentes que pueden ubicarse en ventanas.
Además, su dependencia de la temperatura y el ángulo de luz es baja, por lo que
pueden conseguir la máxima potencia energética durante todo el año.
