|
May 24th 2011
by mononeuron
Brain-fu: 1762
(95835) "CASTELLANIZACIÓN" - CUIDEMOS EL IDIOMA - USEMOS EL DICCIONARIO
|
|
|
|
Stats
|
Viewed 388
|
Good Idea 1
|
comments 2
|
Castellanizar es "dar forma castellana a un vocablo de otra lengua".
Pero hay formas y formas de "castellanizar". Estamos acostumbrados a aceptar como correcta la castellanización por pronunciación, cuando en realidad debiera hacerse por significado. Un buen ejemplo es "restaurant", que "castellanizado" se dice "restorán". Si para este tipo de cosas se usara el sentido común y algo más, debería decirse "restaurante", término que realmente significa lo que se quiere expresar con su utilización, puesto que hace referencia a un "local en donde se sirven comidas" y no a algo distinto.
"Restaurar", que es una palabra representación de una cosa material y que es "recobrar o recuperar, renovar, reparar, restablecer", tiene también otro significado, por ejemplo, "reparar una obra artística del deterioro sufrido", pero "restaurante" no es el lugar en donde se lleva a cabo esta tarea, ni tampoco así se denomina a quien repara. A éste se le llama "restaurador", a la tarea "restauración" y nadie confunde esto.
Para cosas específicas, palabras específicas. Ya que "el idioma castellano es muy rico en expresiones idiomáticas", debería descartarse la utilización de galicismos ("gallicus, francés". "Idiotismo propio de la lengua francesa" y "vocablo o giro de este idioma empleado en otro"), respetarlo y defenderlo, haciendo uso de él correctamente, sin efectuarle modificaciones tontas o arbitrarias que lo deforman.
Otra cosa son los "neologismos", "invención de vocablos en una lengua", hechos unas veces acertadamente y otras no tanto, por escritores o periodistas, o ambas cosas a la vez, que quieren llamar la atención. Esto es una cosa interna de un idioma. Vocablos, acepciones o giros nuevos no provenientes de otro, no perjudican grandemente al propio, porque lo toman como modelo.
Otra cosa es, también, la forma tan particular de pronunciar las palabras de otro idioma. Unas veces se lo hace fonéticamente bien, aunque dependiendo de la ocasión. Otras se lo hace literalmente. Por ejemplo, al nombre "Hudson" cuando es nombre de calle decimos "Udson" y cuando es el nombre de un actor de cine decimos "Jádson". Sin embargo, es la misma palabra proveniente del mismo idioma -inglés- y debería pronunciarse de la misma forma en un caso y en otro. Se oye decir “Niú York” y también “Nueva iorc”, entreverando groseramente las pronunciación de las palabras.
Y en el mismo idioma se da que dicen “Los Bidels”, cuando deberían decir “De Bidels” (The Beatles, bien pronunciado) o en español “Los Ruidosos” o lo que signifique “Beatles”.
Muchos hacen de la contradicción su modo o medio de vida.
Por aparentar que conocemos bien la pronunciación de un idioma, en este caso el francés, a "Voltaire" le decimos "Voltér" y a "Rondeau", "Rondó". Estos casos que se presentan a menudo no constituyen un problema mayor porque por extensión y por práctica los conocemos bien.
El problema empieza cuando debemos pronunciar una palabra y no sabemos cómo, porque no dominamos el idioma del que proviene. Si sintiéramos, realmente, que debemos proteger el nuestro, todo estaría solucionado, porque pronunciaríamos todas las palabras como las leemos, en forma literal. Pero, ¿quién sería capaz de leer "Shakespeare" y decir "Saquespeare" en lugar de "Chéspir"? Quienes oyeran, cultos o ignorantes, por igual, se reirían de él. Entonces, por seguir la corriente, por aparentar erudición o al menos no ignorancia en algunas cosas y no sentir algo de amor por el idioma que utilizamos en todo momento, continuamos pronunciando "bien" las palabras que sabemos cómo se pronuncian y las que no, evitamos decirlas y ya está. De esta forma no nos arriesgamos a que nos consideren ignorantes, incultos y/o estúpidos.
Y nuestro idioma, el mismo que utilizamos para comunicarnos con nuestros seres queridos en el pasado y en el presente y el mismo que utilizaremos en el futuro porque es el que sabemos mejor aunque no lo dominemos completa e integralmente, va quedando relegado por la utilización de palabras que entremezclamos como una gracia o por aparentar originalidad o sapiencia.
Usar el diccionario es buena cosa, pues no sólo sabremos cómo se escriben las palabras de un idioma, corrigiendo las faltas, sino cómo se pronuncia y qué significa. Incluso de una palabra sus sinónimos, parónimos, antónimos. Mucho se puede lograr con el manejo periódico y frecuente de este libro, que mucha gente no conoce y por ende su escritura es patética. Podrá tener muchas ideas y muy buenas, pero su escritura, plagada de errores, le hace perder todo el encanto.
En algún momento, tal vez a más de una persona se le ocurra defender este idioma con la necesaria valentía y lea palabras de otro tal como aparecen escritas, prescindiendo de su "correcta" pronunciación, si la conversación no es en ese otro idioma. Tal vez a esas mismas personas, que pueden actuar como multiplicadoras del ejemplo, no les parezca cursi y no les importe y consigan convencer a los que sí les parezca y sí les importe cómo son vistos por la demás gente y qué dirán y otros complejos por el estilo, que se debe sentir orgullo por el idioma y que él está por encima de todos los otros idiomas y que no es al revés. Principalmente porque es nuestro. Sería bueno transmitir ese sentimiento a los niños y si no es en la escuela tendría que ser en la casa.
Pero nada va a cambiar en ese sentido, mientras sólo de vez en cuando aparezca un Don Quijote o un esporádico Vito Dumas, "predicando en el desierto", demasiado solitarios para que el resto de la gente, la misma que habla de "buscar la identidad" pero imita todo lo de afuera como los antropoides imitan a los humanos, les lleve el apunte.
-------------------------