El spa en casa: cutis

Si te gusta cuidarte (como a mí) pero la crisis no te permite más que asomarte al escaparate del spa, puedes improvisar tu pequeño rinconcito de bienestar en tu casa, con productos naturales y otros que todos tenemos en las casas, y siguiendo una rutina semanal, mimarnos y cuidarnos como si asistieramos a un spa con un coste cero o casi cero.
En viernes por ejemplo, para no tener la piel sensibilizada para el fin de semana, podemos coger nada más levantarnos (o al terminar la jornada laboral, depende), una bayeta de microfibra que destinaremos exclusivamente para ese fin, y con agua tibia normal y corriente la humedeceremos y la iremos pasando por todo el cuello y cutis, a excepción del contorno de los ojos, haciendo pequeños circulos. La iremos aclarando con agua tibia, y de nuevo, escurrida pero sin que llegue a rascar, la pasamos insistiendo en la zona T, sin olvidar el cuello y escote. Si la bayeta que habéis cogido es de color blanco o amarillo os impresionará ver la cantidad de células muertas que se lleva en unos minutos. Cuando terminemos nuestro ritual de belleza lavaremos la bayeta y cuando esté bien seca la guardaremos para el próximo uso.

Después podemos poner a hervir un poco de tomillo, manzanilla o hierbabuena en una ollita o cazo sobre una fuente de calor de inducción (así no corremos el riesgo de quemar el paño), y cubrimos la cara con una toalla para que no se escape el vapor que va soltando durante unos 10 minutos. Más tarde cogeremos un poco de azúcar moreno y unas gotitas de zumo de limón (piel grasa o madura) o un poco de miel en caso de piel sensible, y masajearemos cuidadosamente el rostro, insistiendo de nuevo en la zona T y evitando el contorno de ojos.

Para finalizar, aclaramos la cara con agua fresquita (puede servirnos en la que hemos hervido las plantilas, colada y bien fresca), y nos tumbamos durante diez o quince minutos a escuchar música relajante, o sonidos de la naturaleza.

Si lo hacéis a solas, sin ruido, móvil desconectado, como una rutina, os garantizo que notaréis el cambio en la piel, pues a veces no son los productos que nos aplican, sino la rutina y el mimo y tiempo que nos dedican los que surten efecto y hacen que se nos vea más resplandeciente.

También podéis aprovechar mientras estáis tumbados/as relajados para disfrutar de una mascarilla, y si no tenéis ninguna a mano, una buena capa de miel o una cucharada de yogur natural.

Un tip más: por supuesto, al finalizar no olvidéis hidratar la piel con vuestra hidratante, o cuando menos, pulverizarla con un poco de agua termal (yo suelo guardarla en la nevera durante todo el año, para fijar el maquillaje es única).

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