Imprime todo el "dinero" que necesites con la impresora de casa

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En primer lugar, aclarar al lector que con el entrecomillado utilizado en el título de la idea, tan sólo quisiera indicar mi intención irónica en el empleo de la palabra en cuestión, una ironía “que se aplica al término cuando una expresión o situación parece incongruente o tiene una intención que va más allá del significado más simple o evidente de las palabras o acciones” (Wikipedia). ¡Benditas comillas que me salvan de la incitación a la comisión de un delito castigado de 8 a 12 años de cárcel por el vigente código penal!

 

 

Mi verdadera intención era la de invitar a todo el mundo a que imprimiese todo el DONERO que necesitase, si se está justito de dinero claro (como es mi caso :’D). Así que el significado y las implicaciones que tiene este nuevo término económico se irán entendiendo sobre la marcha.

 

Pero… ¿Qué es el DINERO? Si volvemos a la Wikipedia nos dice lo siguiente sobre él: “Es todo medio de intercambio común y generalmente aceptado por una sociedad que es usado para el pago de bienes (mercancías), servicios, y de cualquier tipo de obligaciones (deudas). Actualmente, el tipo de dinero que manejamos en el día a día es dinero fiduciario.”

 

¿Y qué es el dinero fiduciario? Significa que los con los que se mueve nuestra “querida” economía capitalista no están respaldados por ningún activo tangible (como el oro, la plata u otra divisa que si lo estuviera). Quiere decir que su valor viene respaldado por el Banco Central europeo como el dinero de curso legal utilizado en la zona euro y también está avalado por la “confianza” que inspira entre los sujetos que nos vemos “invitados” a aceptarlo porque no se permite otra moneda alternativa, ya que el BCE tiene el monopolio de la moneda en la zona y es la obligación de los Estados miembros hacer cumplir y respetar este monopolio.

 

Pero un momento…nunca dije que nuestro DONERO fluiría a través de una moneda, porque con él no pretendemos crear ningún tipo de mercado social. Con nuestra DONEDA no se compraría ni se vendería nada, no habría actividad comercial que regular. Y esto, mucho más allá de ser un simple juego de palabras, sienta las bases de una nueva economía, la del don.

 

Por lo que para evitar que el BCE nos acuse de rebeldía monetaria, como ya ha ocurrido con otra moneda y con otro banco central (véase el caso del Túmin en México), en nuestra nueva economía no habrá ni compradores ni vendedores, en la economía del don sólo hay cabida para donantes y receptores y su doneda es el don que se expresa con las gracias del que recibe un bien o servicio que necesita y que no puede acceder a él en la economía tradicional por no tener las suficientes estampitas de  . Y cuando llega ese momento, es cuando una sociedad tiene que imprimir sus propias estampitas y darles un valor humano decisivo en los tiempos que corren, el de la solidaridad.

 

Por todo ello, el desarrollo de la economía del don es legítima, muy oportuna y necesaria. Porque se basa en el apoyo mutuo y en la reciprocidad de la buena gente que quiere dar y necesita recibir. Y que están paralizadas o próximas a estarlo simplemente por no disponer de un medio de acceso a los bienes y a los servicios aceptado por la sociedad. Pues bien, si aún esta no ha perdido el corazón, el valor de la solidaridad puede y debe circular a través del don. Así cualquiera que lo necesite podría imprimir todo el donero que precise, ya que por increíble que parezca, en el nuevo paradigma económico que se establecería con la circulación del don, uno/a es más rico cuanto más dona, cuanto más contribuye a la circulación de los dones de otras personas. Echando por tierra el paradigma capitalista de la acumulación de capital, el acaparamiento de bienes y las leyes de la oferta y la demanda en un sistema de escasez artificial. Porque la economía del don se fundamenta en la ley natural que dicta que la abundancia y la prosperidad está en función de los recursos disponibles que generan la riqueza. Recursos que en el caso de los seres humanos, el capitalismo ignora sistemáticamente porque no tienen lugar en su reducidísima visión de la realidad, la que solamente persigue el beneficio económico. Estos recursos que harían fluir la economía del don en la dirección de la redistribución de la riqueza no podrían ser otros que el tiempo para practicar la generosidad del donante y el tiempo para demostrar la gratitud del receptor. Y nuestro deber como sociedad está en el de saber articularlos en nuestro propio beneficio. Dejando de mirar tanto por el beneficio puramente económico de aquellos que sólo nos ven como “recursos humanos” que exprimir a través del trabajo asalariado y los impuestos.

 

¿Y si alguien muy malvado que tuviera una imprenta, se dedicase día y noche a imprimir sus dones como un loco y abusara de la buena voluntad de los donantes, recibiendo todos sus bienes y los vendiera a posteriori en el mercadillo por y también usara su mina inagotable de dones para tener gratis a unos donantes reconvertidos a esclavos que estarían a su servicio para realizar cualquier cosa que quisiera?

 

Es un caso más que probable, del que contando con tanto egoísta e ingrato que hay suelto no sería de extrañar que surgieran no pocas réplicas.

 

Así que para evitar que la economía del don implosione nada más aparecer, debe de prevalecer una regla básica, que es la de que el donante reciba como agradecimiento por el bien o servicio donado por parte del receptor una cantidad de tarjetas de agradecimiento (dones) que no supere el 50% ni en valor ni en número de un mismo diseño de tarjetas.

 

Es decir, que como cada cual diseñaría sus propios dones (una imagen rectangular impresa con unos cuantos textos visibles) al receptor no se le permitiría agradecer la donación recibida sólo con los dones que imprimiera por su cuenta, sino que necesitaría de los dones impresos por otras personas, convirtiéndose en donante a su vez para conseguirlos. Y así contar con al menos el 50% de los dones de otras personas con distintos diseños.

 

A más variedad en el diseño de los dones con los que pueda agradecer el receptor la donación recibida más fiable será este, porque se entiende que para haberlos conseguido, antes ha tenido que ser donante de bienes o servicios a otros receptores de la economía del don.

 

¿Y si alguien en un malicioso arrebato artístico imprimiera todos y cada uno de sus dones con distintos diseños para saltarse esta medida de seguridad?

 

Sólo haría falta que cada uno de los dones impresos tuvieran las iniciales del nombre y los apellidos de aquél que los imprimió. Y por si tiene la tentación de persistir en su engaño, inventándose iniciales para cada diseño, sería oportuno que antes de realizar la donación a un desconocido, se le pidiera amablemente que se identificara con algún documento que acredite su identidad, con el único fin de garantizar que no se sobrepasa ese 50% del número y del valor de dones impresos por el mismo receptor al agradecer la donación.

 

Se me ocurre a su vez, que a través de una sencilla página web, los usuarios de la economía del don, pudieran compartir sus diseños identificados con sus iniciales, para que así si decidieran cambiar de diseño, pudieran hacerlo sin problemas, siempre y cuando hagan público al resto de la comunidad que lo único que cambió es el diseño y no la titularidad de la tarjeta de agradecimiento en cuestión del valor que sea.

 

Claro, al principio cuando nadie tenga tarjetas de gratitud (dones) de nadie, habrá que intercambiarlos con alguien. Algo que sería bueno para conocer gente nueva y saber lo que ofrece y/o necesita.

 

Para evitar también que un receptor abuse de alguna manera de los servicios que podamos proveerle como donantes sería recomendable estar abiertos a otros receptores que pudieran precisar de la donación de los mismos.

 

 

Por otra parte, para evitar la venta en mercadillos de los bienes donados sería muy útil marcarlos de forma discreta pero accesible con el siguiente símbolo del don que me he inventado y cuyo significado explicaré a continuación:

 

 

 

 

 

 

Con este sencillo símbolo intento describir la esencia de lo que debería de significar el don. De esta forma el círculo en el que se inscribe la insignia viene a expresar la necesidad de crear un espacio nuevo y único en el que desarrollar la economía del don, apartada del mercado y otras imposiciones. Luego la mitad del corazón solapada a la D, obviamente del don y que termina en una flecha pintada de verde, no sin antes formar una G, viene a decir que la única esperanza para que el don fluya en la dirección correcta pasa por la generosidad que muestren los buenos corazones de los donantes y la gratitud que expresen los receptores, en una relación económica directa entre personas al mismo nivel, sin un mercado enfermo por la búsqueda de la maximización del beneficio o una moneda cargada de deuda vengan a adulterar uno de los gestos más sagrados que pueden compartir dos personas, el del donante que ofrece lo que el receptor necesita y agradece, generando con ello esa tarjeta de agradecimiento (el don), que servirá a posteriori para seguir poco a poco abriéndole puertas a la economía del don, que no competirá en ningún momento con la economía capitalista, porque ambas tienen lenguajes muy diferentes. Aún así queda clara una cosa, que la economía del don triunfará o fracasará en la medida del grado de atrofia que padezca ese corazón generoso de la sociedad.

 

Y quiero creer que aún queda mucha generosidad en este país, pero se canaliza mal, puesto que entre el donante y el receptor suele haber no pocos intermediarios que se aprovechan de la buena voluntad de las personas y a muchas las hacen desconfiar del apoyo mutuo, tan necesario ahora más que nunca. Pero con la economía del don, la generosidad de los donantes nunca volvería a ser un jugoso activo de la economía capitalista, volviendo así a formar parte de la relación sagrada de la que hablaba antes, que tiene que volver a manos de sus principales implicados, convirtiéndose la economía del don con ello en una herramienta útil, beneficiosa e inclusiva para toda la sociedad en su conjunto.

 

Así que la próxima vez que le dones un servicio o un bien a alguien y te de las gracias, no digas “de nada”,  pide que por favor la próxima vez te lo agradezcan usando dones y estarás creando con ello la economía del don que muy especialmente está dirigida para la mal llamada población inactiva (estudiantes, amas de casa, jubilados, pensionistas, incapacitados para trabajar…) que el capitalismo en su estrechez de miras califica como población dependiente porque con su actividad no realiza ningún trabajo productivo para él. Pero sólo con decir, por ejemplo, que hay estudios en los que se calcula que la producción de las amas de casa supondría más del 25% del PIB del país, ya se da uno cuenta del grado de injusticia económica al que nos avoca el capitalismo entendido como la única realidad económica posible. Así que para empezar a nivelar la balanza de la justicia económica, imprime tus dones y agradécele con ello la labor realizada en el hogar a la persona a cargo de las tareas.

 

Con este simple gesto ya estás dando pie a que quien los reciba pueda a su vez utilizarlos para recibir un producto o un servicio de otro donante y es ahí cuando se empiezan a cambiar las reglas del juego y la crisis no parece ya tan feroz como la pintan ni da tanto miedo como nos quieren meter, porque entre todos quiero pensar que tendremos la inteligencia y la bondad de construir el salvoconducto hacia una supervivencia digna, sin tener por qué vivir apretados o directamente aplastados por la escasez de euros calculada insidiosamente desde las altas esferas del poder económico y político.

 

Y en ese sentido, la economía del don y su donero es revolucionaria, porque nunca antes la creación de valor en una economía había dependido de la relación directa entre dos iguales, porque los valores creados: la solidaridad y la gratitud nunca podrán ser provistos desde afuera por ningún banco central, porque son propios e inalienables del ser humano. Con lo cuál sólo en nuestras manos queda si empezar a cultivar y a desarrollar estos valores a través de esta nueva economía o quedarnos definitivamente enquistados en la insolidaridad y el egoísmo del “sálvese quien tenga” proclamado por el capitalismo como la única vía posible.

 

En cambio, para  todos aquellos que creemos que la libertad económica se puede conseguir a través de la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo, entre todos podemos y debemos construir la economía del don que lo haga posible.

 

Así que a continuación plantearé algunas bases sobre el diseño de los dones que deberían de ser comunes a todos los que cada uno imprimiera en su casa:

 

¿Qué valores deben de mostrar los dones?

 

El valor de cada tarjeta dependiendo de su nivel de gratitud sería de: 1,2,5,10,20,50,100,200 y 500

 

Nivel de gratitud 1: ¡Gracias! Por valor de 1,2 y 5 dones.

Nivel de gratitud 2: ¡Muchas gracias! Por valor de 10 y 20 dones.

Nivel de gratitud 3: ¡Muchísimas gracias! Por valor de 50 y 100 dones.

Nivel de gratitud 4: ¡Gracias de todo corazón! Por valor de 200 dones.

Nivel de gratitud 5: ¡Con toda mi gratitud! Por valor de 500 dones.

 

¿Qué tamaño deben de tener los dones?

 

La tarjeta de gratitud de 1 Don: 6cm(ancho) x 12cm (alto)

2D:  6,5 cm x 12,5 cm

5D: 7 cm x 13 cm

10D: 7,5 cm  x 13.5 cm

20D: 8 cm x 14 cm

50D: 8,5 cm x 14.5 cm

100D: 9 cm x 15 cm

200D: 9,5 cm x 15.5 cm

500D: 10 cm x 16 cm

 

¿Cómo deben de ser?

 

Deben mostrar claramente su valor, su nivel de gratitud, las iniciales de quién los imprimió, un diseño de fondo que no resulte ofensivo, insultante o abusivo y este par de mensajes para aclarar el sentido y la utilidad de la tarjeta:

“Tarjeta de gratitud para la economía del don” y “Tarjeta sólo válida para agradecer donaciones”.

 

 

 

 

 

He aquí un ejemplo válido de lo que podría ser una tarjeta de gratitud valorada en un don y que a falta de completarla con mis iniciales de fondo le puse una imagen de uno de los símbolos más característicos de mi ciudad.

 

Seguro que con este pequeño ejemplo, te habrás imaginado tus propios dones personalizados con tus propias imágenes y diseños circulando a través de la economía del don, facilitando el acceso de muchas personas a bienes y servicios que de otro modo no podrían conseguir o que tienen excesivas dificultades para hacerlo. Pues deja ya de imaginar, porque es tan simple y tan sencillo como diseñar tus dones, imprimir los que necesites y empezar a utilizarlos donando y recibiendo en esta nueva red solidaria de economía social.

 

Por último decir que no era mi intención publicar la idea en el día de los inocentes, pero ahora que lo pienso resulta muy oportuno gastarles una broma pesada y bien fundamentada a todos aquellos que se creen que nos tienen en un puño con su economía capitalista y con su política a base de decretazos, para demostrarles cuán equivocados están si nos sabemos organizar y cooperar a nuestro favor. Por lo que si estás de acuerdo con esto y  piensas que la economía del don se merece una oportunidad, te animo a que la practiques, la difundas y por supuesto te hagas seguidor de ella en Twitter para estar al tanto de su evolución: @economiadeldon

 

 Saludos! Y espero vuestros comentarios, dudas y sugerencias de cualquier tipo.

 

 

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