Acabar con la navidad reinstaurando la cultura del don

Esta idea más que provenir de un amargado sin corazón ni esperanza, viene de un nacido en la misma apoteosis final de las fiestas navideñas, en el sexto día de enero. El día en el que con la legitimidad que marca el aniversario de mi nacimiento solía autocoronarme con la corona de cartón del roscón de reyes mientras abría los regalos que los tres reyes magos supuestamente habían traído al palacio de mi casa.

Pero hoy tengo que dar por finalizado mi particular reinado, abdicando de mi ilusoria corona y reino para siempre, porque el pasado 5 de enero murió un niño de 6 años intentando coger un pedazo de esa misma ilusión bajo las ruedas de una cabalgata de reyes y hasta aquí hemos llegado.

www.elmundo.es/elmundo/2013/01/05/andalucia_malaga/1357405167.html





Porque admitámoslo de una vez por todas, la navidad sólo es un puro espectáculo embrutecedor que además de fomentar valores como la solidaridad reducida a mera caridad impersonal, también promueve el consumismo en forma de opíparos banquetes y de regalos materiales que cosifican el aprecio que se tiene por quienes los reciben. Es un efímero e insuficiente oasis artificial en el que se fuerza una comunión temporal e insatisfactoria con los demás, tan sólo una leve toma de aire que no dura ni un mes y que no mitiga en modo alguno la competitividad salvaje y encarnizada con la que nos devoramos unos a otros durante el resto del año con la práctica de la economía dominante.

Es un espectáculo tan embrutecedor que las autoridades “competentes” decidieron que la cabalgata continuara rodando sobre la sangre del niño atropellado por el séquito mágico de sus majestades de oriente. Sólo por aquello de que “el espectáculo debe de continuar”, por no querer que la alegría de la fiesta se tornara al momento en un adecuado luto de lágrimas por el fatídico accidente, haciendo que los niños, sus padres y todo aquél que acudió al evento despertase súbitamente de ese mundo de fantasía e ilusión, porque nos quieren mantener dormidos al seguir persuadiéndonos de que el espectáculo debe de prevalecer a toda costa, por encima incluso de lo más sagrado, la vida de un niño. Y hasta aquí hemos llegado.


Porque este niño como todos los demás, fueron víctimas como cada año de la insidiosa idea de que la generosidad altruista se encarna en seres fantásticos (y no en sus iguales), que reparten sus dádivas en forma de caramelos por los que deben de competir contra los demás si quieren hacerse con las escasas y preciadas golosinas mágicas. Y fue en el mismo frenesí irracional de este vil engaño que se perpetúa inocentemente año tras año a través del cuál se segó la vida de mi paisano con su desafortunado atropello.

Cambie el lector los caramelos por el dinero y caerá en la cuenta del nefasto condicionamiento mental al que esta “celebración” ha sometido a cientos de miles de niños generación tras generación, con la venia de las “autoridades competentes” y su gusto por embrutecer y entontecer al pueblo con “celebraciones” y espectáculos que lo mantengan en un estado de animación suspendida del todo apropiados para sus intereses.

Y si es verdad de que hasta aquí hemos llegado y no tenemos pensado (todos los que se quieran sumar a la idea, claro) en seguir cayendo más y más bajo perpetuando estas abyectas celebraciones navideñas, es cuando tendríamos que dejar de conmemorar la puntual e insuficiente navidad y volver a retomar la continuada y satisfactoria cultura del don, con la que nuestros ancestros vivían armoniosamente en el obsequio mutuo.

En un estado que el imperialista y asesino Cristóbal Colón describió con asombro en el diario de su primer viaje a América así:

"Eran tan ingenuos y tan desprendidos de sus posesiones que si uno no lo hubiera visto no lo habría podido creer: cuando les pedías algo que tenían, nunca decían no. Por el contrario, ofrecían compartirlo todo con cualquiera". 

Con el restablecimiento de la cultura del don, los niños y los que ya no lo somos tanto, volveríamos a aprender a ver como algo natural y no excepcional de determinadas fechas señaladas, el acto de dar, de recibir y de devolver tanto objetos como favores. Evitando así reproducir ese frenesí irracional en la parte más vulnerable de la población, por una magia y una ilusión basada en el engaño que sólo está al servicio de la ideología dominante, que se sirve del reparto de los escasos “caramelos mágicos” para que cunda la locura y la competición por acaparar el mayor número posible de los mismos por una activación artificial de los mecanismos de supervivencia. Porque a los niños, ávidos de la magia por descubrir lo nuevo, se les debe de enseñar a interpretar la magia de la vida y no a consumir la magia del espectáculo. Porque esta última, aunque no siempre se dé de forma tan dramática como es el caso, suele conducir tarde o temprano al desastre.

Para finalizar, quisiera darle el pésame a la familia del niño fallecido, que ya sin ganas de celebrar ninguna otra navidad, ni de asistir a ninguna otra cabalgata de reyes al descubrir la parte más amarga del espectáculo navideño, tienen que saber que cada 5 de enero, el recuerdo de lo sucedido vibrará en el corazón de todos los malagueños y que una buena forma de honrar la memoria de su hijo y de crear conciencia en la sociedad sobre los valores que se deben de proyectar en la infancia, sería hacer del día de su trágico fallecimiento, el día en el que se conmemore la vuelta de la cultura del don.


Ese sería el mejor regalo y no otro con el que recordaríamos a este pobre chiquillo con tristeza pero también con la gratitud de habernos abierto los ojos ante su desgracia y poder decir con toda lucidez que con su muerte, la navidad y toda su pompa de postín ha llegado a su final y que con ello nos comprometemos a recuperar nuestra olvidada cultura del don por y para la vida y entre las personas reales, guardando en el cajón para siempre el grotesco espectáculo navideño y la fantasía basada en el engaño.





DEP

Comentarios

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2 comentarios

  • memm
    12 de enero 21:34

    Vaya mierda de sociedad consumista que han creado unos cuantos ,para beneficiar a otros tantos, que con caramelos, regalos, rebajas subsisten a costa de otros muchos; muchos que encima hemos de dar gracias porque comemos de las migajas que estos cuantos cagan, otros tantos recogen seleccionan y tiran para que muchos se peleen por recogerlas, algunos de estos muchos en su intento mueran.
    Navidad para que, si para ver durante unas horas a aquellos que durante el año ni te llaman ni ves.
    Reyes para que, dar ilusión a unos niños que dentro de unos años se den cuenta que han sido engañados, frustración y engaño que arrastraran durante todo su vida, que pasara de padres a hijos creando una Sociedad injusta, insolidaria y discriminatoria.
    Como tu Kyo opino que ha llegado el momento de despertar, abrir los ojos para reflexionar y pensar, es tan simple.
    ¿porque hemos nacido? ¿para que? ya no me interesa ni me importa saberlo, si cambiarlo.
    ¿que sentido tiene vivir para trabajar? cuando sabes que la naturaleza te da todo lo que necesitas ¿no es mejor vivir sin trabajar? Jajaja pensabais que iba a decir trabajar para vivir y una mierda!.
    ¿por qué crear vida cuando sabes que va a morir o la van a matar? mal menor explotar.
    Sencillo vive la vida, si te quedas parado vete al campo y disfruta de la naturaleza que todo te da, busca un pueblo que tenga cultivos que aún los hay, igualmente si tienes trabajo deja la ciudad, déjasela a los cuantos y vamos a vivir con los don en comunidad y hermandad. Saludos compañero. Voto por la libertad.

  • argento10
    12 de enero 03:26

    Todas las festividades y/o feriados terminan siendo un incentivo para los comerciantes; de hecho en ARG se han institucionalizado para beneficiar al turismo. La Sociedad ES CONSUMISTA y se expresa claramente en esas fechas, no al revés.

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